Libre de alma

Esta mañana repasaba, entre silencios
tus cartas, tus celos y tus flores
con un fusil cargado en mis manos
deseándote (la muerte) en vano.

Entre humo y sueños te recordaba
siendo las hebras de tu tacto
péndulos que se mecen de tus ojos
café, periódico, y premonición.

Nombrabas cada latido en el acto
con un susurro, o un frágil gemido.
tus senos menudos guardaban mi mundo
me vestía de lujo tu cabello cenizo .

Pero ya no, sólo quiero nacer de nuevo
aunque sea bajo la rama de un árbol
llegando al azul, rompiendo huesos
libre de alma humana y quebranto.

Porque ya no te quiero en mi cuerpo
ni quiero tu sangre, ni tus peces
ni quiero la luna, ni al tiempo
sólo ser liviano hálito del viento.

Ya no quiero tus veinte espejos
ni a mis estrofas, ni a tu arena
ni a tu hilo, sólo quiero vacío mi tinto
finalmente, terminar con este hastío.

Cuando nos hablan los muertos

El muerto nos habla, y lo ignoramos.

Los soñamos en una alta nube, o nos invaden sus daltónicos recuerdos. Pasean entre risas o quejidos, siempre rondando sombríos. El muerto divaga discreto, mientras alargamos su partida. Pero no lo escuchamos, tan sólo lo lloramos.

Pero léanme bien: Los yertos, aunque han culminado su trayecto, en su silencio aparente nos narran, entre estampas, fotos, sueños, y recuerdos, su historia, la vivida previa a su huida.

Nos narran sus cuentos, recitan sus canciones, y entonan sus versos. Y es en ese momento cuando los damos por vivos, porque los oímos. Pero están más que muertos, son una colección de huesos fríos. Y lo que conocemos como la voz del despedido, no es más que el viento recorriendo su recuerdo.

Nos hablan de sus errores, sus aciertos, de odios sin sentido y del cariño, ¿pero qué saben de eso los muertos?

Pues en su aparente ignorancia, nos han legado la experiencia de los años. Recordemos esos cantares, épicas, y romances legendarios, esos que tanto imitamos los que caminamos.

Cuando los muertos nos hablan, mediante su quedo testamento, esperan que los escuchemos, aprendamos, y vivamos. Y mejor si no los pensamos muertos, más bien, de carne livianos.

Antillana

tú mi antillana
dulce inspiración
Czarina Caribeña
incansable luchadora de la patria
mujer de machete en mano
monumento de la dignidad es tu mirada
idolatro tu sonrisa
vivo tu armonía
delicada como flor de Maga
aguerrida como naboría enfurecida
fogosa tentación lujuriosa

¡ERES MI AMBICIÓN!

tú mi antillana
tú mi antillana.

Colaboración especial de Joseph Ruiz Paris

A veinte años de ayer

Si te viera a veinte años de ayer
no se que sería de mis ojos.

Presumo que se me escaparía
la vida, el todo en un segundo.

Imagino latidos en la cabeza
como chasquidos de elefante
mientras me vuelvo infante
enfrentando tanta rareza.

Imagino veinte años y ayer
luego de cien cambios de piel
que serían mis nuevos versos
tallados con uñas y cincel.

Si te viera a veinte años de ayer
no se que sería de mis ojos.

Presumo que esta vida huiría
escapando de los segundos.

Lo Nuestro

Nuestros cuerpos delinean
una trampa, una cálida guarida
Dónde se refugian nuestras uñas
bañadas de dulce muerte consentida.

Estos besos, lánguidos en el proceso
efímeros espasmos y excesos
que nos mantienen sedientos
del veneno, alas de lo bueno.

Nuestras perversidades sin diálogo
son los muertos de enero
nuestros melancólicos gemidos
son de marzo los latidos, y su hilo.

Esta es la vida que no persigo
sombría costumbre sin testigos
es sólo luz, es ruta sin camino
ya ni sé, será de nuestra piel destino.

Desvido

Hay días en que me comporto
como si una vida la hubiera tenido
desvíos del tiempo engañoso
soy una panza, ella, cabello teñido.

Si sumo los minutos y días
llegamos a las semanas tal vez
pero que es, me aqueja la idiotez
de recordarte ausente, y tan mía.

Quién diría que tu cintura, los besos
calarían tanto en mis huesos;
quien diría que cien años después
entre sinápsis te encierro.

Sólo te ofrezco un café esta tarde
olvidemos nuestra cordura
recordemos los besos y tu cintura
entre suspiros, nuestro antes.

Me Preocupa Extrañarte

Me preocupa extrañarte
porque el extrañar y el olvidar
transitan la misma vía
andan de manos,
niños mirando a lados distintos
quehaceres en un laberinto
no quiero, no, olvidarte.

Pero lo hago, poco a poco
necesito tu foto para recordar
tus lineas, tus labios
imaginar tu besar
recordar mis manos perdidas
en tus selvas fértiles
como colonizador
de laderas y cordilleras.

Comienzo a hablarte
desde estas melancolías
desde las noches fingidas
entre sonrisas tardías
con dedos entumecidos
de tanta poesía
versos amargos, quien diría.

Me preocupa extrañarte
porque el extrañar y el olvidar
andan por la misma senda
divagando horizontes opuestos
y eres mi aire.

Día Parcial

Nadas en mis fonemas
en mis argumentos vagos
en los “será” resuenas
y en los “tal vez” te asomas.

Qué será, que tendrás,
será tu mirar voraz
que me priva del aire
pero me hace inmortal.

Qué será, que tendrás,
serán tus labios, frescas fresas
que ennudecen mi lengua
pero endulzan mi paladar.

Será tu firme caminar
cómplice de tu verdad
que no me puedes amar
sólo brindar un día parcial.

Mentiras de la Memoria

Hoy te recordé áurea en mi ayer
cuando por poco me enamoraste
robaste mi aliento sin querer
sólo pensándote hasta el desgaste.

Claro, porque fuiste una ausente
te dibujaba versos en un desierto
transeúnte invisible y pesadumbre
mientras abrazaba nubes y cuentos.

Infatuaciones sin muchas razones
te soñaba, y tu aliento saboreaba
eran mentiras en diez canciones
historietas que iluso fantaseaba.

Irreal nuestro tiempo compartido
no hubo ni piel, ni muertes, ni vahídos
ni desgarré tu corto vestido
fue neblina sin tiempo ni sentido.

Hoy quiero un abrazarme a tu piel
condecorar con gemidos mi victoria
acariciar con mis labios tu desnudez
aunque sean mentiras de mi memoria.

Perdida, O Huyendo

Ella estaba de alma presente ahí
transparente, niebla entre mis dedos
mis manos la buscaban con anhelo
pero la perdí, ni su medio vivir.

No sé dónde dejé nuestras charlas
si las extravié en un tono digital
en la cueva marrón del auricular
junto a las bromas durante el desvelo.

Perdida o huyendo, ¿dime dónde estás?
mis victorias mueren sin destilar
no ves que sin ti vuelvo a ser mortal
te fuiste, en silencio y sin avisar.