Aquel Cuarto Polvoriento

Llegamos a aquel cuarto
desierto pero ventolero
dónde el polvo ensuciaba tus rodillas
dónde las hojas marrón
entraban por la ventana.

Ni las siluetas anónimas
ni las voces extraviadas
ni los aromas ajenos
nadie ocurría.

Tenías sabor a sexo
y mi piel en tus labios
y las uñas sucias
con mi pasión.

No podía evitar morder
tus tobillos, tus muslos
besar tus escalofríos
observar tu temblor violento
saborear mis labios
húmedos contigo.

Tu sudor permeaba mi pecho
tus ojos a veces lucían confundidos
a veces no.

Y venida la partida
con una mirada
dentro de ti, y entre lamentos
acariciábamos nuestros cuerpos
agotados, sucios
pero aún sedientos.

Leave a Reply