Mensaje Del Autor

“¿Quién es capaz de decir que nuestra vida
no es más que un sueño, reducida a la imaginación
de otro, y que, en su despertar, no nos convertimos
en la luz de su alba? ¿Quién es capaz de decir
que la existencia misma no es otra cosa que
algunas líneas mal logradas sobre el lienzo de algún
artista un poco loco, o de un poeta que no sabe rimar
sus líneas?”

Escrito por el autor.

Cuándo realizaba mis estudios escolares, aprendí que “arte” es “todo aquello que causa placer espiritual”. Cuando comencé a escribir, estaba intentando perpetuar imágenes que me causaban un enorme placer, siendo el resultado algo que concuerda con la definición anteriormente expuesta – al menos, para mí.

No escribo por vanidad. Tampoco, buscando que el resultado sea una creación estética maravillosa. Lo hago porque me permite vivir en un mundo que me convierte en su ente creador, en el cual puedo narrar desde mis más horrendos crímenes, hasta mis más desgarradoras pasiones. Soy el dueño de todos los cuerpos que lo habitan, porque son todos yo, y, al mismo tiempo, ninguno. Con una pincelada, puedo dibujar una sonrisa o una lágrima; puedo quitar las alas de un ángel para dárselas a un sueño. Si hay una espina que hinca mi corazón, la borro; si hay una fantasía que quiero perpetuar, la vuelvo eterna.

El tiempo aquí no significa nada: no hay cabida para el presente, el pasado, ni el futuro. No existe la necesidad de tiempo para redimirse, porque no hay tiempo para errar. Aquí, soy la arena que cae dentro del vidrio; el principio y el final de mi obra.

El arte refleja, necesariamente, personas y sucesos reales. El artista que diga lo contrario, miente, porque la fantasía y ese mundo al que llamamos “real”, son los elementos constituyentes de un plano indivisible e infinito, limitado sólo por la falta de capacidad del ser humano para entender tales conceptos.

No escribo con el fin egocentrista de perpetuarme en el tiempo. Es sólo que cuando lo hago, me siento como un pintor o un compositor musical. Además, me permite acercarme a una audiencia vampírica, lujuriosa y sedienta de aventura. Cuando escribo, me siento artista y aventurero, y la aventura más codiciada del artista es desahogar toda su pasión en su trabajo.

Ahora, quedo con ustedes.

E. J. C.

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